miércoles, 12 de julio de 2017

Hacé algo que es un boomerang

Todo se me vuelve obvio hoy con este disco de fondo. Pienso, por pensar, en que debería empezar a fumar. Que el cigarrillo seguro me queda bien, lo mismo el humo. La copa de vino, el cigarrillo, el jazz y el rush oscuro quedan mejor uno con otro o tengo que dejar de mirar series de época. Ni hablar la lluvia. La lluvia queda bien con todo. Escribí una carta que nunca nadie va a recibir. Le dije a lu qué tal viene tu día, te quiero mucho y ya sé que es el mejor mensaje que voy a haber mandado este año. Lo escribí mal.


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No, sí, me encanta tener balcón. Pero no lo uso. Me gusta mirar al perro mirando por el balcón. ¿Cuenta como uso? Yo estoy del lado de adentro con una manta y una serie que pauso masomenos tres veces por capítulo. Es pésima y tiene seis temporadas, la vida misma. La semana pasada pregunté a mí pero en voz alta y estando con otra persona si existe tal cosa como no saber ser feliz y si es “lo natural”. Odio la pesca conversacional. ¿Se entiende? Como si yo te dijera tal enfermedad es la segunda causa de muerte en nuestro país, o hay dos temas de los que no quiero hablar, y uno es este. (No tolero tensión en nada, por eso miro series de mierda). No pasó en esa charla, esa fue hermosa, no sonaba música ni la tele prendida, la luz a medias, la funda del sillón mal acomodada, las patas mías arriba las suyas abajo él mirando para adelante y yo mirándolo a él. También odio los boomerang. “Hacé algo que es un boomerang”. Y, mirá, si me fuera tan fácil hacer algo no lo desaprovecharía en un video de tres segundos. Viste que a veces escribo como si me estuviera duchando, un chico me dijo que es porque no le pongo mucho pensar a todo esto, sino que pinta y escribo. Él no sabe que mi problema es ese, que hay mucho pensar y poco de todo lo demás. Se me quemó algo del lado de adentro de un enchufe. Me solucionaría la vida que me lo arreglara el encargado y no sé cuánto darle porque viste que los encargados medio que arreglan a la gorra y yo no tengo idea si está desactivando una bomba o enderezando un cable, no sé si son cincuenta o trescientos pesos. A veces es lo mismo. Me da bronca que las bombas sean fáciles de desactivar porque implica que estamos dejando explotar bastantes. Tomá esta bomba, desactivala, hacé un boomerang. Casi nunca sé si explicar o dejar que las cosas sigan su curso y que sea uno distinto. Me doy manija con que si no lo saco de mí no hay forma de dar un volantazo, pero la verdad es que sí hay. Siempre hay. Y la otra verdad es que explicaría esperando mucho más que sólo sacarlo de mí. En la serie que estoy mirando un tipo le dice a otro que cuando te apuntan con una pistola tenés ciento sesenta y cuatro opciones que no son morir.


Quizá lo que quiero decir es que este disco me hace darme cuenta de cosas sobre las que nunca voy a hacer nada y quizás hacer nada sea justamente lo que tengo que hacer yo que estoy pasando por este momento yo que estoy dando mis primeros la psicóloga me dijo en audios de menos de un minuto porque sí trato de condensar las ideas pero también me gusta contar que uy mirá qué lindo ese perro se parece al mío pero más gordo; la naturalidad, quiero manejarme con naturalidad entonces pensar en pensar y pensar en fumar me aniquila los planes y ni te cuento pensar en escribir o en mandar una carta y qué asunto tendría. Los asuntos qué importancia tienen. Los asuntos van con o sin punto final.


Yo que amo con ganas y confusiones mientras escucho un disco y tantas pero tantas luces innecesariamente prendidas matando el momento, sentenciando de alguna forma que no fumo porque no me lo merezco.

Yo, mirando por el balcón pero con el balcón de por medio.

viernes, 9 de junio de 2017

Aleatorio pago

Es terrible y es genial que nadie me pregunte por vos. No te das una idea de lo que extraño volvernos locos. Hoy Marilina dijo que qué lindo bardearse en pareja y después, sobre otro tema, yo dije que prefiero lo definido para mal que lo indefinido. También que odio lo casual. Un chico le dijo a Lu que estaba cansado y después se cruzaron en un boliche, ¿para vos el pibe se quiso morir? ¿Cómo desandan ustedes esas cosas? Encima ella estaba laburándose a otro chabón y cuando vio que entró este, el cansado, hizo cortocircuito y se bloqueó. Echaron a un perro policía por ser muy bueno, eso dicen en todos lados. Porque para ser policía no podés ser bueno, ¿vos hacés esa lectura o cuál? ¿Qué pensás de la policía? A mí me sale más decir yuta que rati pero me gusta más rati. En realidad no me es natural ninguna de las dos porque la palabra policía está buena. El pola en el audio de saludo de mi cumpleaños (Alexis dice que nadie copado dice “cumple”, yo no sé si disentir) me dijo muchas cosas lindas y al final remató con más poesía menos policía. Por ahí por eso me gusta. Les tengo cariño a las rimas y a los gerundios, eso ya lo sabés. Mi papá dice la cana. El otro día le dije que el barrio se había llenado de policía y me dijo “mejor”. No le respondí que no, que no lo es. Puede que en parte la policía, por defecto, me dé seguridad. Si empiezo a pensar eso vuelvo a lo del perro. Adoptaría al perro y le pondría Gorra para contarte la anécdota (y, claro, para tener otro perro).

El nombre de esta publicación iba a ser Dimes y diretes por lo obvio, pero no me gusta. Capaz sea porque ya no nos decimos nada. A mí me importan los nombres, eso también lo sabés.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Lo posible, lo probable, lo dado



Lo que nos mató no fue la rutina ni la erosión del amor.
Porque había amor,
tanto amor,
yo sé que había amor.

No fue tu mugre
ni mis exigencias o fastidios desmedidos
ni la falta de ganas de estar cerca
uno encima del otro
encima de uno
encima del otro.

No nos mataron los de afuera.

No fue tu relajo tampoco mis olvidos,
siempre hablamos desde el abrazo,
no sé cómo explicar,
siempre chateamos con nuestro calorcito,
aplaudimos la suerte de tenernos
y cuidamos lo posiblemente frágil de eso.
Lo probable.
Lo dado.

No hubo signos de exclamación de más
ni de menos.
¡No!

Las cosas que decir nos las dijimos. No fue eso.
Elegimos las batallas o abandonamos a tiempo.

Lo que nos mató
nos terminó de matar
para mí
fue esa fiesta
de alguien más o menos cercano
en la que no pasaron cumbia.


domingo, 23 de abril de 2017

Amor instantáneo

Esta mañana decidí
que quiero amor instantáneo.
Instantáneo es una gran palabra
porque tiene “tan-tan” en el medio
que es como la onomatopeya
de instantáneo.


Quiero abrir un saquito,
echar agua caliente,
quizás en una taza con abrigo.
Un abrigo de crochet
tejido por otro
y vendido a sobreprecio.
Está bien,
la taza merece calidez.
Pero pará,
porque con el agua
se va a morir de calor.
No, cómo le va a pasar algo a una taza.
Es una taza.
Se llena,
se lava
o se rompe.
No le puede pasar nada más a una taza.


Me preparo amor
en una taza monótona y acalorada
y me lo tomo.
Y de repente,
te juro,
no sé cómo,
pero de repente
el abrigo lo tengo yo,
yo que estaba en bolas
porque vivo en bolas
con una torerita crochet
con la cara de un gato.
Te juro, estaba en bolas y con el abrigo
juro mucho yo,
te juro
el gato
todo estirado en mis tetas,
no como cuando
decís tetas y es sensual
como cuando lo decís
sin corpiño y cenando de un tupper
cenando un enlatado,
arvejas y reducción de aceto
re cara está la reducción.
Y yo con las tetas apagadas,
con las tetas en la B.


Me tomo el amor
me quedo con el abrigo
y espero.
Pero la espera
no tiene onomatopeya en el medio,
cuando esperás estás
re en la ese
ssssssss
Re en la ese
Re en la ese
Te preguntás qué pasa
que no pasa el amor.
Re en la ese
hasta que pasás a la pe.
Que está ahí
en esa parte de la espera
no como onomatopeya pero como
sinécdoque.
¿Es sinécdoque?
Como sinécdoque
de Stop.


lunes, 5 de diciembre de 2016

Pero a los vientos de odio, yo me quiero enfrentar

Le dice que ese chico no la podría hacer feliz nunca. Lo describe físicamente, como remitiendo a o reforzando lo anterior pero después, cuando le preguntamos qué tiene que ver con la felicidad a brindar, dice que no hablaba de eso, que además, dice.
En algún momento alguien tira, también conectado pero no, que ojo que hay mucho forro creyéndose superhéroe por jactarse de frontal. El problema y consecuente llanto de Laura pierde protagonismo frente a todas las búsquedas menores pero inevitables del resto.

¿Y vos a quién podrías hacer feliz?

Una foto publicada por Lucas Garcia Molinari (@_lucasgm_) el


Ver a una mujer llorando te dobla en dos, si tenés algo de alma te tiene que doblar; le dice otro, afuera, fumando un pucho. Somos el peor grupo de amigos de la historia. La escena de casa alquilada, una maceta huérfana, computadora en el piso casi sin batería, un poster mediano, puf y balcón chico pide una genuidad que no podemos darle. Nos aferramos a lo mixto que se rompe en cada conversación porque, contra toda batalla que nos empecinamos en dar, los chabones son muy chabones y las minas somos muy minas. Así lo describimos cuando acordamos en desacordar. Nos parece simpático. En el fondo es de lo más nocivo.

Laura sufre por un tipo que no la quiere. Laura sufre porque un tipo no la quiere. No sé si es lo mismo. Para mí lo doloroso es que no te quieran, no quién no te quiere. Porque me van a volver a no querer, y a vos también Laura, y se va sentir igual de mierda. Las traiciones, las peleas, el medalomismismo extremo, la ausencia, todo se lee así.

No
me
quieren.

Eso no se lo digo porque sé que lo sabe y para qué rociar de alcohol las heridas. Lo que no entendemos, ella y yo, es de dónde sacamos estas ganas, entonces. Cómo alimentamos, sobre la nada misma, esta incontinencia por hablarte, verte, una foto, todas las fantasías. Alguien nos dijo que hay que aferrarse a la persona que te extienda los límites de la imaginación y le hicimos caso de más. Los consejos con ‘hay que’ acá se rematan. Se donan.

Miramos actividad variada de la ex. Alguien dice que es hermosa. Otro lo codea con fuerza. El primero se redime con un torpeza intencional que da asco. Con ese tono medio de maestra jardinera mezclado con soniditos tipo “ndt” de comprar tiempo para sobre explicarse.
“Somos amigos de grupo”, digo yo cuando hablo del frontal, pero la verdad es que me parece una bosta.

Cuando me da una mano me siento medio culpable por pensarlo así. Cuando me dice que estoy linda le creo más que otras personas. Debe ser porque lo dice poco.

Todo lo que nos gusta nos hace su víctima.

Lo digo en voz alta. Nadie reflexiona al respecto porque nadie siguió mi camino hasta ahí porque fue mental y porque es vergonzoso.

Laura sigue llorando. El resto está en la suya. Cada tanto vuela una autorreferencia que viene forzosamente al caso.


Yo pienso en que me encantaría desarrollar la inmunidad de la que se habló en el balcón, sobre todo, para el propio llanto.

jueves, 27 de octubre de 2016

El lugar más masomenos de la Tierra

Con vos todo es Disney, el lugar más feliz de la Tierra.
Un Disney chiquito en tu cuello que huele a panadería
mezclado con el vapor de la ropa recién lavada
en esas máquinas enormes de las películas
y las parejas de dos inexplicablemente,
no,
insoportablemente lindos
que se conocen haciendo ‘laundry’;
y la adrenalina de cuando te suben a una montaña rusa muy pulenta y te tiran y gritás y cerrás los ojos también para besar.
Disney en short del Milan que se mete conmigo en el parque de agua y
Disney que se cuela en las colas para que podamos tener tiempo de hacer 
más cosas, 
otras cosas, 
hacer nada en el sillón.
Un Disney para grandes en el que pierdo los anteojos y no veo nada igual no importa porque vos me orientás pero de repente vas a fijarte cuánto salen las hamburguesas y yo trato de enfocar allá a los perros gigantes y patos gigantes que son personas cagándose de calor, sufriendo, porque en Disney se sufre, y para ser alguien tenés que usar una máscara, es re loco eso, pero el caso es que te das cuenta de que se sufre y está lleno de castillos pero no sos rey de ninguno, ni yo reina, y a mí no me da la altura o no me siento a la altura para subir con vos a ningún juego.

Una foto publicada por Lucas Garcia Molinari (@_lucasgm_) el


Hay un parque de Harry Potter al que llegás ya sin creer en la magia.
Un desastre, no hay niño interior que quiera asomarse y confirmar que no podés saltar en la plataforma 9 ¾ porque te fracturás el cráneo.
Literalmente te abrís la cabeza.
Eso no debería pasar en la niñez. Nada malo debería pasar en la niñez y yo a veces empiezo a aplaudir porque me siento perdida.
Disney es terrorífico porque te tiran de un ascensor a la nada y sos las llaves que se te cayeron por el hueco hace dos años, los papelitos de chicle, sos monedas, mugre, cualquier cosa podés tirar y cualquier cosa va a caer, es lo bueno y malo de la ley de gravedad; y nadie baja con vos, porque lo que importa de Disney es tirarse desde el cielo.
Es la ilusión de vuelo, o cualquier ilusión de felicidad.
No importa el suelo
desde el que estoy
escribiendo esto.


viernes, 30 de septiembre de 2016

Mic drop

Una foto publicada por Lucas Garcia Molinari (@_lucasgm_) el


Me subiría al escenario
de algún centro cultural
con una única rasta
que envuelva un rodete,
con lentes que no necesito,
quizá incluso sin vidrios
a rapear sobre vos.


Tratarte de campeón,
hablar de tu jeta,
decir que es corta, amigo


“Es corta, amigo”.
(¿Qué cosa es corta?)


Contarle a la gente que agita
que tenemos telepatía pero al revés
que yo tengo telekinesis pero al revés
porque soy torpe
y alejo los objetos
se me caen los objetos,
que pensamos vos para allá
y yo para acá,
yo siempre acá.


Cosas así,
no sé,
rudas.


Las chicas rudas gustan.

Para que no se note que te estoy esperando.
Para que nunca se note nada
que no sea la impaciencia
que me da tu indecisión
que no se note la inquietud
menos la desesperación
que ojalá no vuelvas
va a fallar la transmisión.


Y es que es corta, amigo.


Que no me importa seguir rimando
porque estoy en ningún escenario
no hay nada sonando
no hay base de fondo
porque vos allá, yo acá
no me correspondés
si yo te correspondo.


Y si falta un verso,
lo lamento, campeón,
los zapatitos me aprietan,
las medias me dan calor
y el muchachito de enfrente,
también.


Igual,
total,
no hay base.
Y punto.